Trastos viejos, ancianos creadores
Así titulaba Rafael Argullol un artículo en "El País" (7/12/08. Quién quiera leerlo puede pinchar aquí ) por el que hubiera pasado casi de largo a no ser por un titular que le acompañaba:
"¿La permanencia de un ignorante de 35 años debe implicar la expulsión de un talento de 60?"
Una buena pregunta que me llevó a recordar una conversación que tuve hace unos días con un estupendo guionista de ficción respecto a este tema y cómo afecta a nuestro trabajo en la actualidad.
F.M., que así se llama mi amigo, me contó que hace algún tiempo la productora para la que trabajaba pagó un viaje a EEUU a alguno de los guionistas para que observaran como trabajaban los equipos de guión de las series de éxito. Según mi amigo, bregado en las redacciones y equipos de diversas productoras, una de las cosas que más le había impactado fue la edad media -alrededor de 50 años- de los guionistas que componían esos equipos. Una edad media de 50 años supone que junto a guionistas de veintitantos había otros de cuarenta y tantos o incluso más años.
Para él y los que iban con él fue un gran impacto, acostumbrado como estaba a que los productores ejecutivos españoles prefirieran equipos de guionistas cada vez más jóvenes y por ende más inexpertos. Las razones reales del por qué de estas preferencias de sus jefes nunca se las habían comentado pero como especular, además de divertido, forma parte de nuestro oficio se nos ocurrieron unas cuantas: la gente joven es muy entusiasta, tiene tantas ganas de meter la cabeza en un medio en el que no es fácil que, en general, está dispuesta a todo, desde pagar grandes sumas por masters y cursos que culminarán en "prácticas" -casi nunca pagadas- en las productoras que organizan el Master, hasta trabajar en las condiciones más infumables por un sueldo de vergüenza e incluso sin contrato.
Por supuesto que haya gente joven en los equipos es necesario e imprescindible y de hecho aportan muchas cosas importantes gracias a su juventud, pero hagamos una pequeña digresión y volvamos al articulo de Argullol del principio.
En él se refería al realizador de cine portugués Manoel de Oliveira que, a punto de cumplir 100 años, comentaba el inmenso placer que le proporcionaba cada nuevo rodaje.
"El ejemplo de Oliveira es probablemente extremo pero puede relacionarse con los de otros cineastas longevos que últimamente nos han ofrecido notables películas, como Claude Chabrol o Sydney Lumet, para no referirme a directores como Clint Eastwood, el cual, entrega tras entrega, parece aumentar su excelencia a cada año que pasa. (...) Ellos han apostado por atravesar la vejez como seres vivientes y no como meros supervivientes. Una elección que, no obstante, no resulta fácil en un mundo con drásticas fronteras cronológicas y siempre al servicio de la cadena productiva".
En lo tocante a la televisión: el programa "American Idol", que sigue batiendo records de audiencia en EEUU, fue creado por el británico Simon Fuller que a la sazón debe andar por los 49 tacos, Conan O'Brien sobrepasa los 45, Tina Fey ronda la cuarentena. Y si nos metemos en los equipos de series míticas, referentes de muchos de nosotros (jóvenes y no tan jóvenes), la mayor parte de sus creadores están en la media de los anteriores e incluso algo más. ¿Pero cual es la conclusión de todo esto? ¿A dónde queremos llegar? Creo que Argullol en su artículo lo hace mucho mejor que yo:
"Cuando hace un par de años vi los criterios con que se realizó el saneamiento de Televisión Española pensé que nunca la estupidez cronologista había llegado tan lejos. ¿Cómo podía ser que la condición principal para permanecer o no en el Ente fuera haber cumplido 50 años? ¿No se daban cuenta de la enorme sangría que este igualitario procedimiento significaba? ¿La permanencia de un imbécil o de un ignorante de 35 años debía implicar la expulsión de un talento de 60? ¿Cómo se podían arrojar por la borda tan lastimosamente años de aprendizaje y maduración de realizadores o guionistas que seguramente, tras los cincuenta, llegaban al momento dulce de su profesión? (...)
Los efectos de esta política son desastrosos, incluso desde el punto de vista de la renovación generacional que se proclama, pues transforma a los que deberían ser maestros en trastos viejos, muchos de los jóvenes que acaban siendo promocionados no son los más talentosos o los más intelectualmente apasionados. De seguir así es muy probable que nos quedemos sin los jóvenes que podrían llegar a algo y sin los ancianos que ya habían llegado.
Miguel Ángel acabó el Juicio Final a los 70 años; Sófocles escribió Edipo en Colono a los 80; Goethe tenía 81 cuando puso la última línea a su Fausto".
