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06 octubre, 2007

"Qué putada, Julie...

...Y mira que nos esperábamos este final, pero qué gran jodienda."

Así empezaba un email que me llegó el día 4 de este mes de Octubre, lo firmaba Felipe Mellizo, guionista forjado en Globomedia -para bien y para mal, qué no es oro todo lo que reluce- corresponsable de muchos de los grandes éxitos de la productora.

La putada, la jodienda a la que se refería era, es, la muerte de Carlos Llamas.

Creo que se ha dicho todo lo que había que decir de Carlos Llamas y desde luego por gente que le conocía mucho más que yo y que estaba actualmente mucho más próxima a él.

Recuerdo que la última vez que le ví fue hace unos años, en una especie de fiesta de despedida de un programa, hoy un referente de la buena televisión que una vez se hizo en este santo país, que fue quitado de la parrilla de una cadena por causas absolutamente ajenas a las FALSAS que se esgrimieron como excusa: bajada de share, abandono por parte de la audiencia, desgaste o falta de rentabilidad.

Y allí, entre otras muchas personas, famosas y menos famosas, que fueron a arropar al equipo -que quedaba en la puñetera calle- y a constatar con su presencia su apoyo al programa y desacuerdo con tan injustificada decisión, estaba Carlos Llamas.

Hacía mucho que no nos veíamos pero me saludó con la calidez y el afecto que solemos mostrar cuando nos encontramos los que compartimos los buenos tiempos de Radio El País, hoy ya sólo un recuerdo para algunos y nada para los más jóvenes que por aquellas fechas andaban viendo -con el Dodotis puesto- "La bola de Cristal".

Pues sí, Melli, qué putada, 52 años, y con tanta malagente de la que tirar va y le toca a él. No sé que decir más, sólo que te agradezco que hayas compartido conmigo la rabia y el dolor que siempre muerde cuando se va la buena gente a destiempo. Qué no fuí al tanatorio, Melli, porque me da mucho pudor asistir a este tipo de cosas donde me iba a encontrar con tanta gente y podría parecer que vas más a figurar que a expresar tus condolencias aunque, si hubiera visto tu email a tiempo, no me hubiera importado ir contigo.

Quisiera resaltar una cosa: la persona que estuvo cuidándole durante su enfermedad fue su ex mujer, Pilar, a la que no tengo el gusto de conocer pero a la que saludo desde aquí y a la que deseo todo lo mejor por un gesto tan generoso y lleno de amor.